Hace 50 años fallecía Castillo Lastrucci. Sin su obra no se entendería la Semana Santa Su corazón, cansado de tanto ideal creado, no pudo más. Hoy hace justamente medio siglo que se apagó su reloj biológico de esta vida. Cincuenta años sin nosotros, pero enigmáticamente, viviendo entre nosotros, en cada mirada de cristal de sus vírgenes, en cada ojo pintado en los párpados de las imágenes salidas de sus manos. Desapareció el hombre artista, pero jamás el mensaje de su obra. Castillo vuelve a respirar, y lo hace en cada mirada de un hermano hacia su obra, en cada rezo, en cada chicotá de un paso de palio o en el andar de un paso de misterio; y lo hace cada Semana Santa, desde que fueron creadas. Porque ganó el laurel de la inmortalidad, como corona de mérito de la que goza en la plenitud de su silencio. Aquel que a veces grita en las bullas, donde enmudece el viento, y donde la luz de una candelería encendida engalana y endulza la pena recogida en el semblante castizo de s...
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