Con José Tomás ya en la sombra y Morante quitándose la coleta sin aviso, se apaga la luz más pura del toreo a pie: la que sublimó el redondo ligado, nacido en Joselito, intuido por Chicuelo y encarnado en Manolete. Belmonte legó estética trágica y riesgo cruzado; ellos, técnica depurada: cargar la suerte, acoplarse al viaje del toro, ligar muletazos en un palmo de albero sin expulsarlo, tragando pitones con verdad. o en cualquier plaza y con cualquier hierro. El de Puebla fue el torero total: artista, técnico, valiente, aficionado. Olvidó su cuerpo para torear “como si no lo tuviera”, logrando muletazos largos, limpios y eternos.Muchos solo vieron diabluras. Tomás resucitó el manoletismo con estoicismo brutal, pisando terrenos olvidados, aunque selectivo y algo torpe; Morante lo llevó más allá: temple, profundidad, variedad barroca y compromiso total, torean dsevillanas; pocos, su valor inmenso y su arqueología del toreo. La exposición extrema avisaba: la cornada acechaba. Con cabeza,...
Accede a la versión 2.0 del blog.