Cuando el año pasado, al poco de comenzar la Cuaresma, se hizo oficial la suspensión de los actos públicos en la calle –procesiones incluidas–, a todos se nos cayó el alma a los pies. Afrontábamos ya la recta final que desemboca en los diez días más intensos del año, no solo para los cofrades, sino para la ciudad entera; y, de buenas a primeras, nuestros planes se desvanecieron… Fue un mal trago para todos, sí; pero, desde luego, uno de los colectivos que peor lo pasó fue el de los músicos cofrades. No sabemos bien lo que significa dejar atrás el Miércoles de Ceniza y empezar a descontar los días –como todo el año; pero ahora, si cabe, con mayor afán– para la llegada de un nuevo Domingo de Ramos. Es, entonces, cuando se ultiman los preparativos y se multiplican los conciertos, puesta a punto para una Semana Santa en la que se recoge el fruto sembrado durante todo el año. Pero, en 2020, se perdió la ‘cosecha’… No es ningún secreto que la de los músicos es una vida sacrificada. Apasionan...
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