Contemplando la ciudad, a través de los ojos del antifaz nazareno , se encuentra uno con la realidad de tantas cosas a veces ignoradas, tan desconocidas, inimaginables a la luz de lo cotidiano y que solo nos salen al paso precisamente si las podemos mirar desde detrás de la tela que cubre nuestro rostro, cuando por la calle acompañamos a nuestros venerados Titulares. Que solo nos llegan al corazón desde detrás del antifaz… Miradas absortas, angustiadas, suplicantes, clavadas en la Imagen que quién eleva sus ojos tiene delante, de Jesús o de María, en ese crisol de cien títulos devocionales que pasean calles y plazas de nuestro pueblo en las jornadas, singulares y únicas, de la Semana Santa. Ojos humedecidos, tristeza infinita, plegarias apenas musitadas, piropos, besos al aire, ilusionada esperanza en algo bueno, manos infantiles saludando al Cristo o a la Virgen o diciéndoles adiós, con sus manitas, cuando el paso prosigue su camino. Emoción contenida, gem...