La calle se apaga y la ciudad se convierte en teatro.
Un farol, dos palmeras y un puñado de sombras que parecen salidas de un sueño en blanco y negro. Aquí, en el viejo barrio del Arenal, el tiempo no pasa: se detiene bajo la luz de una lámpara que lleva cien años encendida.
Los balcones susurran historias de amantes que ya no están, y las rejas de hierro forjado guardan secretos que ni siquiera la luna se atreve a revelar. No hay prisa.
Solo el crujido de una hoja seca bajo mis zapatos, el eco lejano de una guitarra que alguien toca en la azotea, y el aroma a jazmín que se cuela entre las persianas. Esta foto no es solo una imagen.
Es una invitación a caminar despacio, a mirar hacia arriba, a recordar que la belleza más profunda siempre aparece cuando la luz se rinde a la oscuridad.
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| Cristo de las Aguas, Sevilla foto SMCE |

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