En la penumbra de una calle angosta, la cruz se alza como un faro de silencio. No hay multitudes ni clamores; solo el roce de los hábitos nazarenos, el brillo tenue de los cirios y la humedad del suelo que refleja una luz dorada por la que transita el Via Crucis del Stmo. Cristo del Consuelo.
Aquí, la belleza no grita: susurra. Lo íntimo se hace visible en lo simple: un paso lento, un gesto contenido, la fe que no necesita palabras. En esta esquina olvidada, la Pasión no es espectáculo; es encuentro. Y la imagen, quieta y solemne, nos devuelve la pregunta: ¿qué cruces cargamos en silencio, iluminadas apenas por una lámpara que nadie encendió para nosotros?.
SMCE
STMO. CRISTO DEL CONSUELO, DAIMIEL
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