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| foto SMCE |
Azulejos antiguos, alma digitalmente sola: conectada al mundo, invisible al abrazo. Ese podría ser el titulo de esta foto que hice al lado del Rio Duero a su paso por Oporto.
En una sociedad cada vez más conectada digitalmente, la soledad no deseada se ha convertido en una epidemia silenciosa entre las personas mayores.
No se trata solo de estar solos, sino de sentirse solos. Muchos han perdido a sus parejas, amigos o viven lejos de sus familias. Las visitas esporádicas o las llamadas rápidas no bastan. Necesitan conexión real: una conversación pausada, una mano que apriete la suya, compartir recuerdos o simplemente sentarse en silencio acompañados.
La soledad no deseada no es inevitable. Con pequeños gestos diarios, podemos romper el silencio y devolverles el calor humano que merecen.

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