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Luz añorada


El cielo por fin tiene ansiada luz de Cuaresma. Parecía que no llegaba, que el tiempo la había detenido pero, como siempre, todo tiene su curso, aunque a veces parezca eterno. 

Todo parece distinto, no lo parece, lo es. La luz, los colores, los olores y hasta los sabores parecen distintos cuando llega esta dulce espera. Y es que, a partir de ahora, la nostalgia cofradiera va creciendo, poco a poco, hasta que el lunes de Pascua alcanza su cota más alta. Es el sinsentido de ser cofrade. Parece que no sabemos disfrutar de los placeres que nos brinda esta etapa. Cualquiera diría que disfrutamos más echando de menos los días que viviéndolos. Sea como fuere, ya hemos mediado la Cuaresma y todo parece diferente.

Poco a poco iremos sintiendo el calor de la primavera, renovando nuestra en fe en cultos de nuestras hermandades, percibiendo señales, viendo cómo toma forma los pasos que, dentro de no mucho, se harán dueños de la ciudad... En definitiva, viendo y sintiendo como se acerca una nueva Semana Santa. 

Estamos inmersos en una permanente cuenta atrás. Tal es así, que los días sucederán más rápido, incluso. Paradoja cuando estos poco a poco se van haciendo más largos. Pero es que los viacrucis, cultos, preparativos individuales, montaje de pasos nos hará parecer estar en una continua vorágine que sin quererlo nos llevará al día más esperado del año. 

Así, con estas ganas que nos unen a todos los cofrades, iremos aguardando juntos la cercanía de lo añorado. Tengamos paciencia porque, después la espera, también se echa de menos.

SMCE

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