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Contraluz

Detalle del paso del Cristo Cristo del Desamparo y Abandono de la Hermandad de "El Cerro del Aguila", Sevilla.
 Foto SMCE


La Semana Santa es el inquebrantable equilibrio de lo antagónico. Es el día que nos trae la alegría de una candelería recién encendida y la noche cuando vuelve la cofradía con ese aire cansado cosido en las túnicas. Las vísperas cuando se revelan con el abismo de la impaciencia, y el impulso por intentar retener en las manos ese paso que se va alejando y deja tras su estela un poso de nostalgia. 

Es el silencio que siembra la ciudad y el júbilo musical de las cornetas. Es el negro de un capuchón  y el blanco de una túnica del. Es la tarde cuando se apaga sigilosa y el amanecer que nos sorprende, sin avisar. Es la luz que centellea nuestras retinas y el contraluz donde se intuye esa otra cara, el reverso de la esperanza cristalizada en unos labios y en unos ojos.

En el contraluz todo se advierte. En el contraluz hay una silueta que se levanta donde algo se anuncia. Cada cofrade, sin saberlo incluso, tiene consigo un contraluz. Una silueta que siempre lleva un nombre. Una silueta que no hace falta descifrar, que no necesita la razón para comprenderla; sólo el corazón para entenderla. En el contraluz anida ese perfil que nos cuartea el alma y nos emociona en el instante justo en el que caemos en la cuenta de que lo llevamos tan dentro que ya nunca podremos olvidarlo.

Porque en la Semana Santa, donde menos lo esperamos hay un bello contraluz que necesita ser fotografiado. Ese momento donde merece la pena coger la cámara y disparar cuando algunos parecen no ver o entender nada. En ese ángulo donde la luz se expresa con su envés, se puede congelar toda una estampa trufada de simbolismo. 


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