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Cortijos




La vida es una sucesión de encuentros y de desencuentros. Recorremos la misma mientras vamos interactuando con multitud de personas, entidades y acontecimientos, que nos van influyendo, afectando y por supuesto, formando parte de la nuestra misma. La vida de los cofrades está también sujeta a esas pautas relacionales, y de esta forma, en nuestro tránsito por las diferentes cofradías, cuaresmas, iremos conociendo y compartiendo con muchos otros cofrades o personalidades anejas. 

Evidentemente, con unos será rápida y fuerte nuestra relación y contacto, mientras que en otros casos no será imposible llegar a tipo alguno de comunión o sustancia, siendo habitual que poco a poco se vayan formando o rehaciendo grupos de cierta analogía, ya sea personal o de opinión, unas veces de manera interna en las distintas corporaciones, o también de una manera más globalizada, alargando su influencia a un espacio más general que se puede extender fuera de nuestras pequeñas fronteras.

Estas situaciones, lógicas e inevitables, tienen un aspecto positivo en cuanto permiten una mayor interacción entre cofrades, e incluso la extensión de ciertas líneas de pensamiento, (sobre todo si son positivas), que hacen enriquecer o avanzar a nuestra Semana Santa, que paso a paso sigue a groso modo creciendo y mejorando en líneas generales.

Pero como todo en la vida, también existe una parte sombría, y se percibe un cierto fenómeno de cerrazón en muchos colectivos, lo cual no creo que sea un buen camino. Pues creo, que esa limitación de gestos y confianzas que se aprecian en ciertos grupos definidos y muy concretos, es a medio plazo una línea problemática para nuestras cofradías, donde a veces se tiende a excluir o aceptar a cuenta gotas a muchos nuevos cofrades, los cuales pueden ser el seguro de nuestra continuidad a largo plazo. Ese sentimiento de desapego que muchos puedan sentir, les hará alejarse de nuestras instituciones y sus grupos de acción, al no poder atravesar esas recias puertas que se les colocan delante. Puertas recias y cerradas, como las de los cortijos que abundan en la geografía cofrade.

SMCE

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