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Mantener e incrementar ese legado que nuestros abuelos nos legaron.

Nuevo paso de la Coronación de Espinas
de la Cofradía de "los Moraos" de Daimiel, Ciudad Real
Obra de Darío Fernández
Os dejo una interesante reflexión sobre la critica que reciben algunas hermandades que invierten en su patrimonio. En mi opinión creo que hay que mantener los aspectos de conservación y aumento del patrimonio sin descuidar la importancia que tiene la labor caritativa que tienen que desarrollar las hermandades.


Como dicen algunas voces críticas hay hermandades que siguen gastando dinero en cosas materiales, mientras hay hermanos que no llegan a fin de mes. Escuchando ésta afirmación tan de moda actualmente, lo primero que se nos viene a la mente sería eso de “las cofradías como siempre, gastando en oro lo que tienen, cuando ni el Señor ni la Virgen iban cubierto de joyas”… pero para los que nos movemos en éste mundo, sabemos de sobra que esto no es así, llegándome a parecer incluso demagógico y propio de ignorantes.

Cuando una hermandad acomete mejoras en su patrimonio, no está haciendo un derroche o despilfarro, sino que lleva a cabo varias cosas:

1. La más importante de todas, es la creación de puestos de trabajo. Muchos creen que las sayas o coronas crecen de los árboles, o las importamos de China. No señor. Detrás de cada buril o cada bastidor hay una persona que con su trabajo, lleva el pan a su casa.

Nueva túnica de Jesús Nazareno obra de
Francisco Carrera Iglesias
2. Se invierte en arte y artesanía. Muchas de las disciplinas artísticas que conocemos y que constituyen la Semana Santa son heredadas de siglos, y que han hecho de Sevilla sino su cuna, si su factoría más importante. Ejemplos claros: el bordado fue importado por los caballeros cruzados y aquí alcanzó su máximo nivel, y desde la calle San Luis partieron durante siglos hacia todo el mundo el mejor pan de oro.

3. Mejora y conservación del patrimonio. Si la Semana Santa de muchas ciudades es lo que es, mucha culpa de esto la tienen lo que nos hemos encontrado al llegar a la hermandad, que no es más que el fruto del esfuerzo, entrega y dedicación de nuestros antepasados a lo largo de los siglos. Es obligación de las Juntas de Gobierno el mantener e incrementar ese legado que nuestros abuelos nos legaron.

Si nos atenemos a la premisa mencionada más arriba, imaginemos como sería la Semana Santa actual sin que las hermandades hubieran realizado tantos esfuerzos en la posguerra. Muchas de nuestras corporaciones se fundaron más allá del año 40, cuando sí que no había nada de nada y sí que había una crisis que se prolongó durante años y que acuciaba hasta en lo más básico.

¿Derrocharon las cofradías entonces? Fueron consecuentes e inteligentes y crecieron en lo humano y en lo material.

Corona de la Virgen de las Tristezas, Sevilla
Por todo esto, cuando escucho no ya a todos aquellos que nos atacan por cualquier cosa (que haberlos los hay, y muchos), sino a los propios cofrades quejarse del gasto en estrenos, se me revuelven las tripas. Nuestras hermandades son el mejor ejemplo de cómo combinar nuevos enseres o restauraciones con una incesante y creciente actividad caritativa. Es posible crecer en lo humano y en lo material. Por eso, alabo que nuestras cofradías sigan mejorando su patrimonio sin desmerecer su labor de caridad y formación.

Que no se pierdan nuestras tradiciones ni nuestro arte…


Faroles de la Urna del Santo Entierro, Daimiel
Fotos: Archivo, Alfonso García, y Román Cejudo

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