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Esas cofradías que se convierten en las mejores embajadoras de su ciudad


La iglesia –después de muchos portazos– ha empezado a tomar nota del poder movilizador de las cofradías. Pero también es hora de que los poderes políticos, más allá de ciertas alianzas estrafalarias, empiecen a estimar la capacidad de convocatoria de las hermandades como polo de atracción de una creciente y atractiva forma de hacer turismo que aún está por valorar.

La reflexión llega después de realizarse el V Congreso de Hermandades de Jesús Caído en Daimiel, organizado por "Los Moraos". La Cofradía dio lo mejor de sí misma; para los propios pero, sobre todo, para los extraños. Ya no sólo los hermanos sino los daimieleños estaban orgullosos de su cofradía.

Se trataba de estar a la altura de las circunstancias enseñando lo mejor que tienen a los que –en otras circunstancias– no habrían cogido el coche para asomarse a esos tesoros artísticos y devocionales. La puesta en escena la pusieron –gratis et amore– esas cofradías que se convierten en las mejores embajadoras de su ciudad: abriendo templos, y arropando a su Titular. Referente a la programación y desarrollo del congreso, en esto habrá opinones para todos los gustos, así como existirán diferentes balances de dicho congreso. Para muchos como yo, se echaron en falta muchas caras de la hermandad, hermanos "moraos" que no asistieron a muchas de las actividades programadas en este Congreso histórico para la Cofradía como para la Semana Santa de Daimiel.

Es verdad que la proliferación de salidas extraordinarias sin justificación es discutida y discutible, pero París bien vale una misa cuando se sabe estar a la altura. Las cofradías, una vez más, fueron el banderín de enganche, y Daimiel volvió a dejar claro su profunda devoción a Ntro Padre Jesús Nazareno.

SMCE

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