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La lluvia, una forma de penitencia en las cofradías



Escribía Antonio Burgos que ya sabía por qué a la salida de una cofradía se la llama "estación de penitencia" y es por la que hacen los que salen en la procesión, al no poder ver a su Cristo y a su Virgen, durante todo el recorrido, no sólo por lo alejados que puedan estar del paso, sino porque, incluso los cercanos, saben que en las paradas no deben mirar hacia atrás. Estoy de acuerdo con el maestro, pero voy a ir un poco más allá. Los cofrades no hacen penitencia cuando su cofradía cumple la estación; cuando hacen penitencia es si, por lluvia, se suspende la estación. No hace falta que esto que digo se lo confirmen los cofrades: basta que usted observe sus rostros de felicidad a la recogida, cumplida la estación; los abrazos y besos que se prodigan, las enhorabuenas que se dan, y esto es válido incluso para los que hicieron el mayor esfuerzo físico, como los que cargaron el misterio o el palio o portaron las insignias más pesadas. En cambio, si se anuncia la suspensión de la salida, pocos contienen las lágrimas y nadie se alegra.

Y esta penitencia, no saliendo, la hacen los cofrades, casi todos los años ¿Se ha preguntado usted cuántos años hace que no tenemos una Semana Santa en la que la lluvia no impida alguna salida procesional? Pero para esta penitencia, que nos viene del cielo, no hay reglas. Por ejemplo los años que la Semana Santa caía en marzo, nos las prometíamos felices porque, según nosotros, cuando llueve en Semana Santa es si cae en abril, porque el refrán de las aguas mil y la experiencia así lo dicen. Aunque no suele ser así siempre.

¿Significa esto una muestra de desaprobación del cielo con las cofradías y sus manifestaciones externas de culto? Yo estoy seguro de que no. Lo más que concedo es que, viendo lo que disfrutamos los cofrades en una salida procesional acompañando a nuestros titulares, nos envíen de cuando en cuando la penitencia de no tener ese disfrute. Pero si la Virgen María hizo el milagro de que nevara en Roma en el mes de agosto, ¿no podría la Señora darnos un año una Semana Santa sin agua?

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