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Mirada Nazarena


Es impresionante la cantidad de miradas nazarenas que vemos a lo largo del año pero especialmente ahora, en Semana Santa. No hablo del protagonista en sí, del nazareno como persona que se reviste con su hábito para acompañar a su titular. Ni tampoco a las imágenes de Cristo que en su iconografía representan a un nazareno y no un crucificado. Voy quizá más allá. Voy a fijarme en todos esos nazarenos y nazarenas que como actores secundarios son partícipes de esta gran representación pasionista en la que formamos parte todos los cristianos.


La mirada nazarena, de devoción y amor, de una madre a su hijo cuando lo ve salir con su túnica de casa… …La mirada nazarena, expectante, de un niño que vive sus primeras semanas santas, cuando todo está todavía por descubrir, incluida la vida… …La mirada nazarena, de un jubilado, convertida en plegaria en lo que es ya una larga trayectoria de ruegos y agradecimientos… …La mirada nazarena de un músico, leyendo su partitura… …La mirada nazarena, del vendedor ambulante, que busca con sus ojos la forma de aportar algo más a casa en esta época tan devastadora... …La mirada nazarena, de unas monjitas, puras como niñas, orando con cánticos tras una celosía… …La mirada nazarena, de un enfermo, al ver el alba de un sábado más clara que otros días…

Y así podríamos seguir sumando. Todos tenemos qué observar. Todos lo mismo. Porque miramos al Nazareno o a su Madre, y confluimos en ellos. somos capaces de leer los ojos de nuestras personas más queridas, y sin embargo, en Semana Santa, descubrimos muchísimas miradas de gente anónima, en las que nos identificamos, o donde nos vemos reflejados siendo ese alguien un perfecto desconocido para nosotros e incluso a los que ponemos nuestra propia historia detrás para completar ese vacío.

Esa mirada nos equipara. Empatizamos sin conocernos. Corre la sintonía entre corazones. Quizá porque el reflejo de lo que miramos es esa mirada nazarena, mejor dicho, esta mirada nazarena de este año y esta Semana Santa será única, como todas las miradas, será irrepetible aunque llevemos años realizando y expresando lo mismo. Siempre es igual y siempre es diferente.¡Y aún así nos sentimos tan cómodos en ese anonimato! ¡Nos identificamos tanto con los que nos rodean! Quizás no seamos los mejores practicantes, pero nos sentimos tan en comunión, por supuesto con sus diferencias porque cada uno es como vulgarmente se dice ‘de su padre y de su madre’, pero como enriquecen esas sanas divergencias. Somos un conjunto de personas, más numerosos de lo que nosotros mismos creemos, miles de cofrades, que en estos días somos uno. Aprovechemos esta sinergia, miremos al compañero, sonriamos, colaboremos, disfrutemos  de estos días, vivamos la Semana Santa como sólo sabemos hacerlo aquí, compartamos esta riqueza con los que nos visitan, seamos amables, educados, y cívicos, el turismo es un puntal ahora mismo excepcional para remontar de este bache en el que estamos.

 Pero sobre todo, dejen que esa mirada anónima nazarena impacte como una bala de amor directa al corazón, a fin de cuentas es la reverberación del Amor

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