Somos impresionables y a menudo nos olvidamos de lo esencial. Elevamos a los altares de la banalidad a seres humanos con nuestras mismas flaquezas, o peores, e ignoramos en cambio a semejantes que nos aventajan en abnegación y esfuerzo. Incluso cuando los tenemos al lado, tan cerca que no podemos decir que no los vemos. Sencillamente no los miramos, quizá porque la vista se nos va a una de las mil pantallas que nos la tienen permanentemente distraída con reflejos de lo que a menudo no existe (o existe de modo bien distinto de como nos lo muestran). A pararnos a mirar a esos gigantes invisibles, a esas personas que muchas veces en silencio hacen que la vida sea más digna de ser vivida, en todos los aspectos, os invito hacerlo. No es un mal ejercicio.
Si has pasado por Instagram o TikTok en los últimos días, es muy probable que hayas visto mi reel, que me ha sorprendido la cantidad de miles de reproducciones que lleva. Un plano de 15 segundos, una canción, una procesión y un sentimiento que explotó. Pero detrás de esos 15 segundos hay una historia que no cabe en un reel. Aquí te la cuento. El reel que no planeé Era sábado de Magna en Córdoba. La Hermandad de Santa Cruz avanzaba por la Plaza de San Andrés rumbo a la Catedral. El sol caía a plomo, el incienso flotaba y el paso de misterio parecía flotar entre la multitud. Yo iba con el móvil en la mano, sin trípode, sin guión. Solo quería grabar un recuerdo. Y entonces empezó a sonar “Por ti” de Javier Cebrero Arias Y me puse a grabar. 15 segundos. Un corte. Subí el reel a las 22:47. A las 23:12 ya tenía 10.000 views. ¿Por qué explotó? No soy influencer. No tengo 100k seguidores. Pero algo funcionó. Aquí mis 3 claves (por si quieres replicarlo): ¿Por qué func...
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