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Nada es permanente a excepción del cambio

Foto SMCE



Todo fluye y nada permanece – Heráclito 

“No hay mal que cien años dure”. Nada es permanente.


El cambio forma parte de nuestra naturaleza, todo cambia, lo queramos o no, es un hecho. Las cosas cambian, las situaciones, el entorno, las personas también porque crecemos y evolucionamos.

A veces los cambios nos vienen impuestos y a veces somos nosotros mismos quienes lo promovemos. Y siempre hay una fase de resistencia al cambio, porque nos da miedo.

En cierto modo es normal tener miedo al cambio y sentirnos preocupados, angustiados, enfadados o confusos. Tenemos miedo a los cambios y nos resistimos porque solemos pensar que perderemos estabilidad, seguridad, que nada volverá a ser lo mismo.

Pero el cambio no es eliminar lo conocido sino ampliar nuestra área de actuación. Los cambios traen muchas cosas buenas, aunque asimilarlos cuesta un tiempo y cada uno tiene sus mecanismos.

En nuestra experiencia personal hemos tenido grandes cambios, muchos de ellos “provocados” por nosotros mismos, cambio de ciudad, de país, de trabajo, de estilo de vida … los cambios dan respeto sí, pero os contamos cuál es nuestro secreto: “para volver a lo de antes siempre hay tiempo”.

Como decíamos al principio, todo cambia, lo quieras o no y puedes ser parte activa de ese cambio y afrontarlo con la mejor actitud o puedes “sufrirlo” porque lo que es inevitable es el cambio.

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